Cien años de Ferretería Albaladejo, historia viva de San Javier (Murcia)

Cien años después, esta emblemática empresa, asociada a Coferdroza, es un grupo de tres grandes almacenes.

Ferretería Albaladejo nació en 1926 cuando Mariano Albaladejo, abuelo del actual director general, vendió sus explotaciones mineras en La Unión, cerca de Cartagena, y se trasladó a San Javier. Con el dinero de aquellas ventas compró fincas y solares en la zona y tuvo la visión de poner en marcha una ferretería. Su idea no era sólo emprender un negocio, sino también crear una oportunidad de futuro para la familia y para su hijo, mi padre, Julio Albaladejo, que con el tiempo acabaría tomando las riendas de la empresa.

Cien años después, Javier Albaladejo, actual CEO del Grupo, responde las preguntas más importantes sobre esta emblemática ferretería asociada a Coferdroza, hoy compuesta por tres grandes almacenes.

—Su abuelo el fundador, ¿Era una familia de ferreteros?
—No, realmente no veníamos de una familia de ferreteros. Mi abuelo era una persona emprendedora y con mucha visión para los negocios, pero la ferretería nació con él. Fue quien apostó por este sector y quien puso los cimientos de una empresa que ha pasado ya por tres generaciones. Los comienzos no fueron fáciles. En aquellos años se vendía muy poco y poco después llegó la Guerra Civil, seguida de una posguerra aún más complicada. A pesar de ello, la empresa consiguió salir adelante. Con el desarrollo de la zona de San Javier y la construcción de lo que hoy es la Academia General del Aire, la ferretería empezó a suministrar materiales para aquellas obras. Más adelante conseguimos la distribución regional de cámaras para bicicleta, lo que supuso un importante impulso para el negocio. En aquellos años los productos más habituales eran el material eléctrico, bicicletas y repuestos, pinturas, neumáticos, efectos navales y lubricantes. Hoy la empresa ha evolucionado enormemente. Seguimos siendo una ferretería, pero también somos una empresa especializada en suministro industrial. Trabajamos miles de referencias y destacamos especialmente en cerrajería, soldadura, tornillería, construcción y soluciones para profesionales de múltiples sectores.

—Historia y fechas clave. Los hitos que ha ido logrando la ferretería en estos cien años.
—Más que fechas, yo destacaría etapas. La primera fue la de mi abuelo Mariano, que tuvo el mérito de crear el negocio en una época muy complicada. Después llegó mi padre, Julio Albaladejo, que tomó las riendas a finales de los años treinta. Durante muchos años hizo crecer la empresa poco a poco, con mucho esfuerzo y constancia. No eran tiempos fáciles y el crecimiento fue lento, pero siempre hacia adelante. La tercera gran etapa comienza en los años ochenta, cuando yo empecé a incorporarme al negocio. A mí sí me apasionaba este mundo desde joven y tenía muchas ganas de modernizar la empresa. Empezamos a trabajar más el cliente profesional, ampliamos instalaciones, incorporamos nuevas líneas de producto y fuimos adaptándonos a los cambios del mercado. Desde entonces hemos crecido mucho, hemos diversificado nuestros clientes y hemos pasado de ser una ferretería tradicional a convertirnos en una empresa de referencia en suministro industrial en nuestra zona.

—Del ayer al hoy: ¿qué empezaron vendiendo y qué venden hoy?
—Los primeros productos que se vendían eran principalmente material eléctrico, bicicletas y repuestos, pinturas, neumáticos, efectos navales y lubricantes. Con los años hemos ido ampliando muchísimo la oferta. Hoy vendemos prácticamente de todo dentro del sector, aunque estamos especialmente especializados en cerrajería, cerraduras, bombillos y cierrapuertas, además de suministro industrial, soldadura, tornillería, herramientas, construcción y equipamiento para profesionales. La diferencia es que antes atendíamos principalmente al cliente local y hoy trabajamos con profesionales, empresas, talleres, industrias, instaladores y clientes de muy distintos sectores.

—¿Siguen en la misma ubicación del principio?
—Sí y no. Una de nuestras tiendas sigue estando en el mismo emplazamiento original donde comenzó todo hace cien años en San Javier, algo que para nosotros tiene un valor sentimental enorme. Con el paso del tiempo la empresa fue creciendo y hoy contamos también con otras instalaciones situadas en polígonos industriales de San Javier y Torre Pacheco, adaptadas a las necesidades actuales de almacenaje, logística y atención al profesional.

—Ferretería Albaladejo son tres grandes almacenes. ¿La idea es expandirse y seguir creciendo?
—Siempre que sea de una forma sostenible, sí. Nunca hemos sido una empresa de crecer a cualquier precio. Siempre hemos preferido consolidar cada paso antes de dar el siguiente. Creo que todavía hay oportunidades de crecimiento, pero sobre todo en la mejora de los servicios, la digitalización y la especialización. El mercado cambia constantemente y hay que estar preparados para adaptarse.

—¿Quién dirige ahora la ferretería?
—S
oy la tercera generación al frente de la empresa. Tengo la suerte de contar con un equipo de más de treinta personas, entre las que están también mi mujer y dos de mis hijos. Eso para mí tiene un significado especial porque demuestra que el proyecto familiar sigue vivo y que hay una nueva generación implicada en seguir haciendo crecer la empresa.

—¿Cómo es la clientela de esta zona de Murcia?
—Nuestra zona siempre ha tenido una economía muy ligada a la agricultura, la construcción, los servicios y, en los últimos años, también a la industria. Tenemos una clientela muy variada. Trabajamos tanto con particulares como con profesionales, instaladores, talleres, agricultores, empresas de mantenimiento, constructoras e industrias. Es un cliente que valora mucho el trato cercano, la rapidez y el asesoramiento. Muchas veces no vienen simplemente a comprar un producto, vienen buscando una solución.

—Si hubiese que resumir en unas líneas este siglo de historia, ¿qué diría?
—Diría que son cien años de trabajo, esfuerzo y adaptación. Tres generaciones muy diferentes han pasado por la empresa y cada una ha tenido que afrontar retos distintos. Mi abuelo tuvo que sacar adelante el negocio en unos años muy difíciles. Mi padre consolidó la empresa durante décadas. Y a mí me ha tocado modernizarla y adaptarla a un mundo que cambia cada vez más rápido. Pero si hay algo que no ha cambiado nunca es la importancia de tratar bien a las personas y cumplir con nuestros clientes.

—El futuro: ¿hay futuro para otros cien años?
—Espero que sí. La forma de comprar está cambiando constantemente y creo que en los próximos años cambiará todavía más con la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías. Pero también creo que siempre habrá espacio para las empresas que aporten valor, conocimiento y confianza. Lo importante será adaptarse rápido y no dejar nunca de evolucionar.

—¿Qué problemática destacaría del mundo de la ferretería actual?
—Creo que los principales problemas son dos. Por un lado, el cambio en los hábitos de compra y el crecimiento del comercio «online» y de grandes plataformas como Amazon, que han cambiado completamente las reglas del juego. Y por otro lado, la pérdida de especialización. Cada vez es más difícil encontrar personal cualificado y negocios con un conocimiento profundo del producto. Todo esto hace que muchas ferreterías tradicionales hayan desaparecido durante los últimos años.

—La pertenencia a una gran cooperativa como Coferdroza, ¿cómo les ayuda?
—Siempre he pensado que pertenecer a una cooperativa es fundamental, especialmente en los primeros años de cualquier negocio. Te permite acceder a mejores condiciones de compra, mejores precios y una estructura que sería muy difícil conseguir por cuenta propia. Ahora bien, las cooperativas también tienen que evolucionar. Hoy no basta con ofrecer buenos precios. También tienen que aportar servicios, tecnología, formación y herramientas que nos ayuden a ser más competitivos y atractivos para nuestros clientes.

—Añada lo que crea oportuno e importante.
—Cumplir cien años es un privilegio que muy pocas empresas pueden contar. Cuando uno mira atrás y ve todo lo que ha pasado la empresa durante este tiempo, siente una enorme gratitud hacia todas las personas que han formado parte de esta historia: clientes, proveedores, trabajadores y familiares. Este centenario no es solo una celebración del pasado. También es una responsabilidad para seguir construyendo el futuro y dejar a las próximas generaciones una empresa mejor de la que recibimos. Ese es, al final, el verdadero reto de cualquier empresa familiar.

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