Opinión | Las fábricas y el reto invisible de incorporar nuevos operarios

Bossard es proveedor mundial de soluciones de fijación industrial.


 

La escasez de perfiles técnicos y la jubilación de profesionales experimentados obligan a la industria a digitalizar no solo sus máquinas, sino también la transferencia de conocimiento. La transformación industrial suele medirse por el número de robots instalados, el grado de automatización o la cantidad de datos que genera una planta. Sin embargo, existe un desafío menos visible que puede condicionar la competitividad de las fábricas: conseguir que los nuevos operarios alcancen rápidamente la autonomía sin comprometer la calidad ni la productividad industrial.

La industria se enfrenta a una combinación especialmente compleja. Escasean los perfiles técnicos, una parte de los trabajadores más experimentados se aproxima a la jubilación y los procesos productivos incorporan cada vez más variantes. En este escenario, depender del conocimiento acumulado por unas pocas personas representa un riesgo operativo.

Buena parte de ese conocimiento no se encuentra en manuales. Permanece en la experiencia de quienes saben interpretar un plano, anticipar una incidencia o identificar la forma más eficaz de realizar una operación. Cuando estos profesionales se jubilan o cambian de puesto, la empresa puede perder años de aprendizaje.

El problema resulta especialmente evidente durante la incorporación de nuevos trabajadores. Los periodos de formación son largos y requieren que los veteranos dediquen parte de su tiempo a acompañar a los recién llegados. A ello se suma la dificultad para garantizar que cada persona ejecute las tareas de la misma manera y con idénticos criterios de calidad.

Digitalizar el conocimiento del proceso

La respuesta no consiste únicamente en automatizar más, sino en hacer que los procesos sean menos dependientes de la memoria individual. Las soluciones de digitalización del ensamblaje, como las instrucciones de trabajo digitales, los sistemas de guiado y los controles integrados en el puesto de trabajo permiten trasladar el conocimiento al momento exacto en que se necesita.

Un caso documentado por Bossard muestra el potencial de este enfoque. Un fabricante suizo de equipos de análisis químico debía gestionar más de cien variantes de producto, muchas de ellas en lotes pequeños. Parte de los montajes se realizaba únicamente con dibujos técnicos, lo que exigía procesos de incorporación prolongados y controles de calidad complejos.

Esta visión coincide con el enfoque de industria 5.0 promovido por la Comisión Europea, que sitúa a las personas y sus capacidades en el centro de la transformación tecnológica.

La implantación de estaciones estandarizadas con instrucciones digitales paso a paso permitió reducir aproximadamente un 50% los tiempos de cambio de configuración, disminuir el retrabajo y facilitar que los nuevos empleados comenzaran a ensamblar sin una formación inicial tan extensa.

Más allá de la solución tecnológica, el caso refleja un cambio de modelo. El conocimiento deja de transmitirse exclusivamente mediante explicaciones informales y pasa a convertirse en un recurso estructurado, actualizado y accesible para toda la plantilla.

Tecnología para reforzar a las personas

Digitalizar las instrucciones no significa sustituir el criterio del operario. Significa reducir la carga de información que debe memorizar, prevenir errores y asegurar que las comprobaciones críticas se realizan siempre de forma consistente.

También permite aprovechar mejor la experiencia de los trabajadores veteranos. Su conocimiento puede incorporarse a los procedimientos para formar a nuevas generaciones, mientras ellos concentran su tiempo en resolver incidencias y mejorar los procesos.

En este contexto, el montaje inteligente se está convirtiendo en una herramienta clave para facilitar la transferencia de conocimiento, acelerar la incorporación de nuevos operarios y mejorar la trazabilidad en producción, independientemente de la experiencia previa de cada trabajador.

Esta visión coincide con el enfoque de industria 5.0 promovido por la Comisión Europea, que sitúa a las personas y sus capacidades en el centro de la transformación tecnológica.

La competitividad futura no dependerá únicamente de cuánto automaticen las empresas. También estará determinada por el tiempo que necesite un nuevo trabajador para ser productivo, por la facilidad con la que pueda acceder al conocimiento y por la capacidad de mantener la calidad independientemente de quién ocupe cada puesto.

La fábrica verdaderamente inteligente es aquella que además de contar con máquinas conectadas y sistemas digitales es capaz de aprender, conservar lo aprendido y transmitir ese conocimiento de forma eficiente.

El futuro de la industria no consiste solo en conectar máquinas. Debe garantizar que el conocimiento correcto llegue a la persona adecuada en el momento adecuado.

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